Colaboraciones

sin título

Cuando todo parecía hundirse, fui madre.
Madre luz de luciérnagas nocturnas y silenciosas que se treparon en
/ mi cuerpo.
Fui madre de los cielos nocturnos, de las aves, de los mares.
Cuando todo estaba definitivamente perdido, sudé, dormí y copulé
/en los árboles.
Y fui madre.
Amadriné los campos y las montañas. Y caminé sin descanso para
/cansarme el ánimo.
Cuando ya se habían entonado las últimas estrofas, cuando ya las
/semillas habían germinado
y las cigüeñas y los teros y los cocodrilos finalmente habían sosegado su búsqueda de sal: fui madre.
Y ya nada importó.
Porque nací de mí, parida del hijo.
Y él, dócil, simple, suave, inofensivo y pausado en el llanto del hambre, me involucró en su deseo y me imploró que vuelva a creer.
Y entonces, cuando todo parecía hundirse, fui madre.

ANDREA JULIÁ


PINCELADAS DE QUARENTENAAA

Un picnic de terraza…en baldosa.
Una familia reunida sobre la lona.
En torno a las cartas y un mate
—el paisaje lo ponen ellos

Un campanario ..que por ahora…
Ya no llama a misa

El sol tibio va sumergiéndose
en una pequeña bruma
que comienza a acariciar las casa bajas,
los árboles, autos quietos –
algunas hojas comienzan a amarillarse..

Se escuchan voces muy lejanas— perros…y—
Algunos colectivos que todavía circulan…

Mis malvones dan cuenta de que no es necesario contar el tiempo…
Es tiempo… y la vida son los necesarios para que algo ocurra…
Una flor se abra, no hay calendario…que lo exprese..
Es la vida que se abre paso…
Si te das cuenta…mejor…
Si no…en otro momento..
tendrás tu otra propia quarentenaaa.

Mayan Mabá
vte lopez 26-3-2020


EQUINOCCIO …EN CUARENTENAAAA

Y un día…la tierra se detuvo
Argentina paró…y el cielo
Fue el celeste de Salta, el puro del tren de las nubes
y…me encontré agradeciendo el silencio
y el haber aprendido a ser una buena ama de casa
xq amo mi casa y….
y la tierra se limpió y la mirada fue más clara
y yo pude ver más claro..y pude decir..y pude ser…
no quedaba otra cosa que ser realmente quien soy
una mujer…y aquí..estoy.

Mayan Mabá
21-3-2020


Espacio

La violencia institucional no me dejó sangrando, me dejó en coma
Y ahí estaba yo, masticando bronca, tras las rejas, con mi guardapolvo blanco
Queriendo escapar sigilosamente en busca de un descanso
O salir corriendo desnuda, entre las gazas, huyendo de la autoridad
O deslizarme por las escaleras como un ratón para poder comer, devorar, alimentarme
Rodeada de caníbales, agonizaba en medio de esas anchas paredes
Hay un modo de aprender, pensé; de avanzar, de salir del pozo
Y otra vez la maestra, el poder y yo queriendo escapar
¿El espacio es una jaula que mancha mi guardapolvo de sangre invisible?
¿O el guardapolvo es una jaula que me separa de la sangre, la vida de los otros?
A esta altura la vida no es más que un agujero que me aleja más y más de la ansiada y temida libertad
¿Y quién dijo que no somos ratones de laboratorio rodeados de guardapolvos blancos?
La mancha en el pizarrón era la catarata que me aliviaba, como un remedio fugaz, y yo huía por ahí, de vez en cuando
Un refugio, una forma de esconderse, y de escapar de ese enseñar estancado y agobiante
Encontré cierto compañerismo en mi madriguera, lo sé, aún corriendo hacia la muerte
Buscando un camino, ser, tener, estar ¿Fue acaso un acto de soberbia?
Al fin y al cabo, solo buscaba amor, tomé una jeringa del hospital y por fin, me sumergí en este mar inmenso.

Gladys Pilla 


Reflexión

El no estar con el otro me lleva, me guía a estar conmigo. A verme, a observarme, a sentirme, a descubrirme. Me emociono, me reencuentro, paso momentos de intimidad profunda conmigo. No me aburro, lo celebro, lo agradezco. Porque en lo más profundo de mi corazón yo intuyo que, cuando todo pase, cuando todo esto sea tan solo una anécdota, volveré a reunirme con ese otro. Y esta vez seremos más sabios, más humildes, aceptaremos más, perdonaremos. Es que me reuniré con ese otro desde el entendimiento y desde el corazón.

Luisa Feuermann


Espacios suspendidos

Era Agosto de 2018, estaba en Junín e iba y venía de una clínica a un hotel apenas separados por 100 metros, estaba cuidando de noche a mi papá que estaba internado. Dormía poco y nada. Una mañana volviendo de la clínica al hotel me sorprendió una neblina baja y empecé a sacar fotos. A partir de ese momento todos los rincones del sanatorio y del hospedaje me llamaron la atención. Volví a Buenos Aires y sin saber bien qué tomas había hecho, las miré y me di cuenta que por alguna razón se correspondían con muchas otras tomas sueltas que venía haciendo desde hacía rato. No podía terminar de describir qué era. La primera aproximación clara y concreta estaba en que eran espacios humanos muertos, como si el mundo se hubiera detenido. Escribí algunas líneas:

“Espacios diseñados para el tránsito humano. Espacios diseñados por y para humanos. Espacios muertos. Inertes. Silencio. La paradoja del vacío donde debería haber multitudes. Una calma perturbadora. Una estructura tensa. Algo está por ocurrir.
Lugares que nos resultan familiares se vuelven oscuros, lo cotidiano se mezcla con la ficción, ¿son estos espacios parte del mundo en el que circulamos todo el tiempo?”

Seguí sacando fotos en ese tono hasta mitad de 2019 y después me enojé con el proyecto porque sentía que no tenía sentido, que no decía nada en concreto.

LUCRECIA ESTEBAN


¿Quién sos de todos ellos?

El día se presenta frío y soleado. Estamos en invierno del 2019 y me agrada más esta conjunción. Es feriado y no deseo quedarme encerrado en el departamento. Salgo a caminar por el barrio y sé que todos los caminos me conducen (casi siempre) al Jardín Botánico. Doy algunos rodeos con un andar perezoso, como si fuera un turista en mi propio barrio que mira todo con más detenimiento. Descubro algunos locales vacíos y nuevos negocios que no recuerdo desde cuando están porque estas sorpresas se dan –por estos tiempos– cada vez con mayor frecuencia. Si, se percibe una gran crisis.

        Me encuentro ahora, llegando a la Av. Santa Fe por la calle Julián Alvarez. Giro a la derecha y diviso a cincuenta metros a un pibe recostado en la pared de un local de ropas pidiendo unas monedas. Sé quién es sin conocerlo. A ellos se los reconocen con total facilidad por sobre los demás. Esta misma fotografía la encontramos en cualquier otro lugar del mundo. En París o en Nueva York. En el barrio Constitución o en el lugar más elegante de Barrio Norte. Es un chico que pide. Es su manera de sobrevivir en la vida. Ayer mismo, pasé y me dijo: “Don, ¿no tiene algunas monedas que le sobre?”  Hoy, sigo de largo. Justo a metros de donde él está ubicado, acelero el paso como si estuviera apurado. Llego a la calle Salguero y me detiene el semáforo. Espero y luego de unos segundos, avanzo.

Me encuentro ahora, llegando a la Av. Santa Fe por la calle Julián Alvarez. Giro a la derecha y diviso a cincuenta metros a un pibe recostado en la pared de un local de ropas pidiendo unas monedas. Marcho a pasos firmes y apurado porque estoy llegando tarde al trabajo. A cinco metros de distancia levanto instintivamente la vista y cruzamos una mirada cómplice. Meto mi mano en el bolsillo derecho y le hago el gesto de no tener monedas. Le deseo un buen día y sigo mi camino hasta la calle Salguero. Intento apurar el paso pero el semáforo me indica parar. Espero y luego de unos segundos, avanzo.

Me encuentro ahora, llegando a la Av. Santa Fe por la calle Julián Alvarez. Giro a la derecha y diviso a cincuenta metros a un pibe recostado en la pared de un local de ropas pidiendo unas monedas. Delante de mí, un tipo camina lento. Tiene la vista clavada en su celular. Me impide el paso y esto me da la oportunidad de usarlo como escudo y así evitar el encuentro con ese pibe. Sigo hasta la calle Salguero y antes de cruzarla, me detiene el semáforo. Espero y luego de unos segundos, avanzo.

 Me encuentro ahora, llegando a la Av. Santa Fe por la calle Julián Alvarez. Giro a la derecha y diviso a cincuenta metros a un pibe recostado en la pared de un local de ropas pidiendo unas monedas. Como un acto reflejo, meto mi mano derecha en mi bolsillo derecho y cuento tres monedas. Veo venir a Estela del 4º C y regulo mis pasos. A la altura del pibe, le clavo la mirada a mi vecina y mientras él me recita algo que no llego a comprender, la saludo con una sonrisa simple y sigo mi camino hasta la calle Salguero. Me detiene un inoportuno semáforo. Espero y luego de unos segundos, avanzo.

Me encuentro ahora, llegando a la Av. Santa Fe por la calle Julián Alvarez. Giro a la derecha y diviso a cincuenta metros a un pibe recostado en la pared de un local de ropas pidiendo unas monedas. Meto la mano en mi bolsillo derecho y saco un billete. Plata en mano, me acerco a él y se lo entrego. Me regala su mejor sonrisa y yo, se la devuelvo. Me voy caminando a una velocidad regular hasta la calle Salguero. Justo, me detiene el semáforo en rojo. Espero y luego de unos segundos, avanzo.

Me encuentro ahora, llegando a la Av. Santa Fe por la calle Julián Alvarez. Giro a la derecha y diviso a cincuenta metros a un pibe recostado en la pared de un local de ropas pidiendo unas monedas. Voy camino a encontrarme con Laura en la esquina de la calle Salguero y la Av. Santa Fe. Es nuestra primera salida. Ella se encuentra mirando un local de baratijas. Alzo la mirada y nos reconocemos a lo lejos. Camino a pasos displicentes y me paro a una distancia prudente y como emulando una reverencia, extraigo de mi bolsillo tres monedas. Se las entrego a ese pibe con mi mejor sonrisa, palomeo un saludo rápido y me retiro satisfecho. Laura observa toda esa escena y cuando me saluda me hace notar mi buena acción. Le contesto que cien pesos no me hará más rico y nos perdemos, calle abajo hasta llegar a la calle Salguero. El semáforo en rojo nos impide continuar. Esperamos y luego de unos segundos, avanzamos.

Me encuentro ahora, llegando a la Av. Santa Fe por la calle Julián Alvarez. Giro a la derecha y diviso a cincuenta metros a un pibe recostado en la pared de un local de ropas pidiendo unas monedas. Camino unos pasos y me detengo. Giro en U y enfilo directo, hacia el Jardín Botánico.

Por Gaspar Russo


Reflexión

Me quedo en casa. Mi casa pequeña y grande. Mi casa de reuniones y soledades. …de tantos miedos y tantas batallas ganadas y perdidas.   Mi humilde casa fruto de tantos esfuerzos.  Mi amada casa. Refugio mío….me quedo en casa…

María de Carmen Armana