Reflexiones sobre David Sorville y su obra.

REFLEXIONES DE ESTÉTICA SOBRE EL LIBRO
“ LOS LUGARES COMUNES Y OTROS RELATOS”
DE DAVID ANTONIO SORBILLE, POR MARÍA PAULA MONES RUIZ

      La narrativa de David Sorbille, en Los lugares comunes y otros relatos, ha puesto en marcha una serie de reflexiones con sus correspondientes ecos de sensibilidad. Me refiero a las sensaciones que en la escritura y en el arte de expresarla, nos tocan el centro y provocan lo que el arte en sí tiene como objetivo: una reacción emocional en el receptor, aunque esa reacción no provoque un placer, frente a la fidelidad con que la realidad es plasmada, según las limitaciones o cánones del percibir humano en la estética de la recepción. David Sorbille en sus relatos, nos acerca, nos llama, nos convoca, nos cuenta, con efectista pluralidad de voces, a lo bello, lo malo y lo feo, lo sublime, lo trágico. Son estas palabras categorías de la sensibilidad que en nuestra condición de seres humanos no podemos despegar de nuestra vida itinerante. Conociendo la vena poética de David, afirmo que a la hora de relatar la verdad, la verdad nuestra de cada día, que nace, crece, se reproduce y duele y sigue doliendo, nada fácil le resulta correrse del lirismo para nombrar la realidad cruda y vivirla en la escritura. Pero sí le es necesario porque David escribe con verdadero compromiso. Porque la prosa describe las acciones, devela los hechos, porque David obra con la palabra. Este obrar con la palabra es en sus relatos, como una fotografía (diría Julio Cortázar para diferenciarlos de la novela llevada al cine con sus largas secuencias de imágenes). Nosotros sentimos el impacto, la memoria como un flash, en un marco preciso y acotado. Tiempo y lugar tomados por el ojo de la conciencia. Sentimos el dolor, el placer, el horror, lo sublime, porque es así como comprobamos la verdadera definición de estética, porque estética significa «sensibilidad» (desde la voz griega) y la sensibilidad no solamente mira, ve, percibe la piel del idealismo y la belleza porque es el ser humano quien padece o goza de las emociones, y se independiza del objeto. Porque hay sublimidad en lo trágico y lo bello, porque hay belleza en la catarsis del horror, y la belleza en la melancolía de un destino frustrado o cruel, como así también en la evocación de un tiempo feliz. Para redondear estas reflexiones, vienen a mi memoria frases de importancia capital en este sintetizar la idea estética en el libro de David Sorbille:

«El arte no es la representación de una cosa bella, sino la bella representación de una cosa» Emmanuel Kant

«El artista no vive como crea sino crea como vive» Jean Lescure

Porque esa conciencia del acontecer, en sus distintas manifestaciones de sensibilidad al momento de expresarlas, son recreadas por David, tal cual son vividas por él y a revés de él, muchos receptores nos sumamos a la luz de tantas verdades y la impresión de sus tonos en cada espíritu sensible. David procede como un periodista, y dentro de este compendio de realidades y sensaciones de vida, es de resaltar su vocación de informar, diría casi a modo borgiano, estimular en el receptor la necesidad y la conciencia de investigar, nutrirse, bucear el conocimiento cuando el lector encuentra ciertas lagunas de biblioteca y claras cegueras y fugas de realidad que lo circunda. Para finalizar, estas sencillas, humildes, pero elementales reflexiones, queda, querido David, un sentimiento de gratitud por calzar en tus ojos, el zapato que pisa rumbeando hacia la conciencia del compromiso y misión de vida, la conjugación de Tu verbo con todos sus pronombres, desde Los lugares comunes y otros relatos, un libro que nos toca y nos solfea, cuerpo y alma. (SADE, 09-12-2010)

NORMA PÉREZ MARTÍN

     Querido David, Sin duda, advierto en tu libro “Los lugares comunes y otros relatos” un positivo progreso en tu escritura. Comenzando por el Prólogo, excelente análisis que Susana Fernández Sachaos ha elaborado, destacando esenciales elementos que dan vida y valor a tus relatos. Los elementos históricos y barriales que se suceden a lo largo de tus páginas los has planteado a partir de estructuras discursivas contundentes y exactas. Has manejado muy bien intertextualidades. El caso de “La noche boca abajo” (cortazariano) pleno de originalidad, donde la reiteración de la frase “toco tu boca” constituye un eje simbólico muy acertado. Se trata de un cuento muy logrado. En general, advierto en cada uno de estos relatos el manejo perfecto del suspenso, de finales imprevistos pero verosímiles. Has dosificado muy bien los adjetivos. Aquí subrayo tu ponderable construcción literaria pues has sabido tejer lo poético confluyendo con los mensajes contundentes y las reflexiones valientes frente a sucesos trágicos de Argentina y del mundo contemporáneo. Imágenes y paralelismos plasmados con energía, sin caer en lugares comunes, brindan al lector espacios, personajes (ficcionales unos, reales otros) sucesos de amarga memoria que siguen doliéndonos. Espacio y tiempo, marcan siempre un entramado entrañable, doliente y en no pocas ocasiones, ofrecidos mediante pinceladas focalizadas con riguroso cuidado, marcando núcleos simbólicos fundamentales. Ese “campo de los sueños” referido a Beto, creo que afirma un eje semántico que diseña las páginas de este libro. Fácil es descubrir en algunos de estos cuentos filtraciones autobiográficas, si bien tu: “yo” se brinda con recato. Lo implícito supera la confesión explícita: ¿me equivoco?. “Un cuadro de Murillo” es una brillante pintura literaria, ya que has logrado ilustrar la miseria de la niñez sufriente de ayer y de hoy. Sin duda, trayectorias trágicas, reales e inolvidables se suceden y llaman a la participación comprometida del lector. Ojalá las soluciones que anhelamos, ante tantos problemas irresueltos, no demoren ni traicionen nuestras esperanzas. El cuento final, que lleva el título del libro, resulta un recorrido de “lugares comunes” que conjuga personajes y espacios evocados con ternura, belleza y vibrantes resonancias. Mucho queda por decir acerca de este libro, pero no quiero abusar de tu paciencia con mis modestos comentarios. No quiero callar mis felicitaciones, David, pues advierto que has evolucionado positivamente a lo largo de tu rica producción. Este nuevo libro, no lo dudo, abre las puertas a felices días futuros para tu vida personal y tu quehacer literario en ascenso. Un fraternal abrazo. (14-03-11)

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “LOS LUGARES COMUNES Y OTROS RELATOS” DE DAVID ANTONIO SORBILLE POR GRACIELA LICCIARDI EN LA REUNIÓN DEL GRUPO ALEGRIA EN EL INSTITUTO ANTROPOLÓGICO Y DEL PENSAMIENTO LATINOAMERICANO EL 19 DE MAYO DE 2011

El libro que hoy presentamos: “Los lugares comunes y otros relatos” de David Sorbille, del cual ha escrito el prólogo Susana Fernández Sachaos y han opinado Graciela Bucci, Maria Paula Mones Ruiz y Roxana Palacios, entre otros, es un libro cuya principal cualidad es la de mantenernos en vilo desde el comienzo y donde hay mucha investigación detrás. Ya desde el primer relato “El día menos pensado” nos instala en el clima de una realidad reinante de corrupción, incertidumbre, atropello a los derechos humanos, en los que no solo nombra a desaparecidos, como Santoro, Walsh, Mario Bonino, José Luis Cabezas, sino que ese pasado lo trae al presente en cuya elaboración todo se potencia en forma alarmante. David Sorbille rinde homenaje al hombre común, al periodista, al investigador, al escritor, al Dante, al Che, a Arlt, a Di Benedetto, Cortázar, Discépolo, Macedonio, a las esculturas, a los parques, a los perros fieles amigos del hombre y a muchísimos sitios de Buenos Aires y del mundo. Esta realidad ficcionalizada nos sumerge en un sentimiento de impotencia, de asombro escabroso ante tanta impunidad; nos describe algunos tormentos por los que han tenido que pasar muchos ciudadanos argentinos, de Bosnia y de otras etnias. Nos escribe de cómo ante la impunidad por parte de la ley hacia la delincuencia algunos se han visto acorralados y enajenados que han tenido que hacer justicia por su propia mano, como dice el titulo del relato “La vida no vale nada”. También el arte aparece en uno de los relatos, en una suerte de comparación donde utiliza la descripción de la vida de dos personas en las que el doble juego de identificación con sus acciones y en su simbología, denotan también el suicidio del arte bastardeado por la sociedad. “El lugar común de la muerte no nos pertenece” dice el autor y manifiesta abiertamente que “en tanto podamos expresar lo que llevamos dentro, al menos no estamos solos”; importante reflexión que nos habla de las desinteligencias en la batalla cultural que se libra día a día. David Sorbille no repara en nombrar las villas de emergencias, un centro católico, un secretario del Arzobispado, un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, a curas tercermundistas y los terribles sucesos en los tiempos del mundial del ’78 con la represión, las torturas y el terror en los ojos que conservaban posteriormente los que habían logrado sobrevivir, como en un estilo casi naif para contar las cosas más horribles al modo de Tabucci en “Sostiene Pereyra”, en este caso Carmelo. Pero más sorprendente aún es cuando David cambia totalmente el tono del libro y entra, a mi modo de ver, en una suerte de respiro, virando hacia lo sensual, seudo romántico, poético, donde “La noche boca abajo” nos cuenta una historia muy fuerte, que no voy a mencionar para que aquellos que se interesen en adquirir el libro lo puedan apreciar. Luego, vendrán relatos crueles pero no por ello rehuimos a seguir leyendo: una madre que abandona a su hijo, enfermos terminales, el resentimiento hacia quien… ¿no nos sucede a nosotros: hacia el padre, hacia la madre, hacia la vida?. Los relatos cortos de tan diversa índole nos llevan de una sensación a otra, nos sorprenden, nos conmueven, nos hace estremecer esa cruenta realidad con que son presentados por el autor; muchas de las veces aparece, sin embargo, una esperanza, un pensar en positivo, a través de la denuncia, a través del conocimiento histórico de cada acontecer. El libro es crudo, realista, inmerso en hechos y verdades de la existencia encadenadas con la ficción que no cesa en recurrir a artilugios narrativos que nos suceden por la buena escritura. La coloquialidad, los toques de humor e ironía son también una cualidad preponderante en los relatos que rescatan las formas y los sucesos de la vida que constituyen las costumbres, el futbol, las relaciones humanas y los diferentes homenajes antes mencionados. “El azar es parte del destino”, nos escribe el autor y nos vuelve a conmover en un relato de una “ultima carta” donde en pocas palabras el ser logra su entrega. El autor no olvida a nadie: la pobreza de los niños y su falta de sonrisa, la descripción del horror cuando dice: “El horror tan temido esta presente en el infierno de los dos mil cuerpos exhumados, en el infierno de pensar en los escuadrones de la muerte, en la despreciable casta humana capaz de justificar lo horrendo en cualquier parte del mundo”, y como corolario quisiera manifestar que como dice el autor: “la nostalgia es el valle fértil de la memoria” y David Sorbille no ha olvidado los lugares comunes que todavía nos aúnan para tratar de cambiar aunque sea desde nuestro lugar, el mundo que nos circunda.

SEBASTIÁN JORGI

Leí tu libro “Los lugares comunes y otros relatos”: grata sorpresa. Los cuadros sociales de nuestro país, con sus miserias y asesinatos de cada día, las ambientaciones y los clímax logrados, muestran a un lector culto, por un lado y a un narrador que sabe tensionar. Realmente, te felicito, ya que el cuento es un género que tiene sus bemoles. Los cierres, con golpes certeros—inesperados o no, esto es cuestión del lector más o menos avisado—dan muestras de pericia en la urdimbre de las tramas realistas y las subtramas fictivas. Los personajes, Andino,–pegado al recuerdo de José Luis Cabezas, Mario Bonino y el querido Miguel Ángel Bustos–, Jorge, Darío, Beto (que sueña con ser el cabezón Sívori), las alusiones al Che, Haroldo, a lo que se suman los homenajes a Saer, Jitrik, Lovecraft, son aderezos de vida. Los barrios de Buenos Aires, San Telmo, Monserrat, Monte Castro, Villa del Parque, Villa Devoto, River, o más lejos, Ciudadela, Fuerte Apache, sirven de geografía a esas noticias “policiales”, a Crónica TV, que enmarca historias colectivas—con tus personajes, claro– en los límites del horror, del crimen y la hipocresía. Composición de lugar, Mañana será otro día, La noche boca abajo, (con la gradación acertada Toco, al comienzo de cada párrafo) y El día menos pensado, son piezas que me entusiasmaron. (8-05-11)


RICARDO LUIS PLAUL

       Estimado David: estuve leyendo tu libro (Un puente de voces) de generosa belleza, creatividad y afecto y sólo gracias parece poco. Un abrazo.

Puentes de afecto construyen las musas
que trascienden el tiempo y la distancia
son un abrazo musical que orienta el camino
que embellece la vida, del que escribe y lee,
del que vive y ama, llora y se apasiona

asomando su alma por la ventana
del verso que ofrecen las manos abiertas
sobre los cotidianos cielos de la vida.

Prólogo de «Un puente de Voces»

  DIÁLOGO ENTRE EL LIBRO Y EL ALMA
por Jorge Luis Estrella

       Hace unos meses, la conductora de un programa de radio por Internet dedicado a la poesía, me felicitó porque yo había escrito un texto laudatorio al poema de un colega. En este libro que ahora nos convoca, no tenemos un texto laudatorio a un poema, sino más de treinta textos que ensalzan a la misma cantidad de libros (no poemas, libros) de poesía. La conductora tendría que levantarle, por lo menos veinte monumentos a David Sorbille, por un emprendimiento espiritual de tamaña grandeza. Y, aunque sean varias las trascendencias que se desprenden de este trabajo, mucho lo que puede decirse acerca de los poemas que lo componen, lo que resalta a primera vista, lo que impresiona, lo que llama al aplauso y la reverencia es justamente ese magnífico sentido de la solidaridad, de la actitud generosa, del amor incondicional que ha puesto en marcha David, para construir esta obra que nos asombra y enternece. Pero, tal vez, si ampliamos el campo de mira, comprendamos que esta admirable manera de acercarse al mundo creativo de los otros que también escriben poesía, tiene antecedentes y, sin lugar a dudas, surge inmediatamente la colosal muestra de generosidad que se llama “Mis Poetas Contemporáneos”, que el gran Gustavo Tisocco creó y sigue llevando adelante. Y la alusión a “Mis Poetas Contemporáneos” es válida por más de una razón, ya que el propio David tenía antecedentes de generosidad respecto a sus colegas pero, en este caso, ya no se trata de “Semblanzas Recobradas” en donde habla de Arlt, Cortázar, Discépolo, Pizarnik, Santoro y otros con una lúcida prosa que es un canto a la memoria de estos creadores indiscutidos. Me corrijo, en realidad, es lo mismo, en el sentido de que cumple con su compromiso en la difusión de las personalidades y los textos que él considera han dado su testimonio dentro de la literatura nacional. Pero, hay dos diferencias fundamentales, en este libro los que dan testimonio no son esos monstruos sagrados sino sus contemporáneos, sus iguales, los seres de carne y hueso con que se cruza tantas veces en reuniones poéticas y, además, ya no tiene el recurso de la prosa que investiga y muestra en base a conceptos, sino de la poesía que se hunde en cada libro de esos creadores contemporáneos y rescata las perlas con metáforas que ellos mismos le prestan o las que su lirismo, con total convicción, inventa. Son infinitas las variables que un poeta con la creatividad de Sorbille puede poner en juego cuando, como dice Maurois, se produce el diálogo entre el libro y el alma del lector. Sólo voy a puntualizar algunas de esas variables: Por ejemplo, cuando lo que nombra David en su poema está unido a algún texto del libro que ha sido el motivo de inspiración. Así, en “vení, sentate a la sombra” de “Casa que ves caminar”, Roxana Palacios dice: “Cabeza en la piedra, ojos diagonales hacia arriba, los árboles no te comen…” En el texto de Sorbille, esa imagen se convierte en la autora eligiendo escribir: “Una mujer reclina su cabeza en una piedra/ y en ese espacio elige el recurso de las palabras”. En varios poemas, David utiliza estrofas y cada una de ellas suele empezar con la misma frase o palabra. Así, en Rossi es “Cuentan”, en Cincotta es “Y después”, en Poblet es “Ahora el poema habla de vos y…” En Carbone se alternan “Pasos” y “Oficio de poeta”, en Wencelblat cada verso comienza con un artículo determinado y un sustantivo: la infinitud, la pasión, la vida, el murmullo, las voces, el canto, la virtud, etc. En el poema al libro de Tisocco, cada estrofa comienza con “Para escribir este poema…” en evidente alusión al texto “Para escribir un poema de 10 hectáreas” que, dicho sea de paso, es una obra maestra. En “Bufanda de pájaros”, Susana Cattáneo incluye exquisitos poemas cortos acerca de los oficios de mujeres como la Exterminadora que “ensarta su rayo/ en el ombligo del universo”. Nuestro autor, dice que Susana “anuda recuerdos y realidades/ con palabras y oficios/ tan singulares y sublimes/ como esa manera de alumbrarnos/ con tu poesía.” En muchos casos, el texto de Sorbille discurre en tercera persona en versos que se encadenan unos con otros deslizando las ideas con virtuosismo y claridad logrando, con esa marejada poética, un profundo goce del lector. De pronto, como en el poema que acabamos de citar, la densidad metafórica amaina y se convierte en un tuteo coloquial que lo pone discurriendo con el poeta de turno como si estuviera allí. Y suele estar ahí, como cuando lee estos poemas en cafés literarios y el aludido está presente. Lo hizo más de una vez con el que me dedicó y, después de una primera parte alucinante pasa a una segunda que me ha producido lágrimas de emoción.

Es tanto lo que se puede decir de esta entrañable muestra de amor (por ejemplo se puede decir que el amor está como esperanza en casi todos los libros enfrentando como puede a los dramas e injusticias que nos aquejan hasta asfixiarnos). Y el afecto y la nostalgia más puros nos dominan cuando leemos los poemas dedicados a Susana Fernández Sachaos, Javier Adúriz y Ernesto Goldar.

Voy a concluir con una ocurrencia mía al notar que las palabras que, además de amor, más se repiten en el libro son el verbo “desnudar”, obviamente con sus variables y “espejo”. Me imaginé, como resumen de lo leído, a alguien que se vea desnudo en cuerpo y alma en el espejo y que éste, multiplicado, reflejase toda la desnudez del mundo. Es decir, los seres y las cosas sin el ropaje con que los adornamos y ocultamos. En el poema dedicado a Liliana Díaz Mindurry dice así: “Subsiste la ilusión final de una puerta que se abre a la vida/ como a los miles de espejos y resplandores que se proyectan/ en poemas donde se refleja tu pasión y la mía.”
Y esa pasión, David la pone de manifiesto en cada libro que publica y éste, que ya tiene un lugar privilegiado en mi corazón, seguramente hará nido en el pecho de todo aquél que lo visite.

Prólogo “Reunión de Voces Narradoras” Colección: Relatos “Un arte contado”

  Identidad acentuada

       A modo de comentario general a las obras incluidas en esta antología, cabe señalar la diversidad de estilos y temáticas, no sólo con res¬pecto a los distintos autores, sino en ocasiones en la obra del mismo autor.

Se advierte en muchos de estos cuentos una gran tensión narrativa, por lo que, como dictamina Horacio Quiroga en el Decálogo del Perfecto Cuentista, el autor tiene una idea clara desde el comienzo de lo que va a suceder. Como ejemplo de lo anterior, puede mencionarse El viaje de Nils de Alejandro Drewes, donde se trata el tema borgiano del encuen¬tro del hombre con su destino.

Desde el punto de vista de la perspectiva y la distancia, como advierte Isabel Vasallo, el uso de las distintas personas es utilizado como vehículo expresivo. Se advierte como predominante la tercera persona singular focalizada internamente en el personaje, que a veces alterna con otra, ya sea en primera persona singular protagonista o testigo, o en otro personaje en tercera persona singular enfocado desde la inte¬rioridad. Esta alternancia entre personas se advierte en los cuentos de Gladys Abilar, por ejemplo, en Sara, que según la teoría de cuentos de Tzvetan Todorov, podría clasificarse como “temas del tú”, refiriéndose a la violencia y a los tabúes sexuales. En esta alternancia de terceras personas singulares, la visión inicial es la del victimario, que preanuncia la acción narrada luego desde la interioridad de la víctima.

La tercera persona del singular focalizada en la interioridad del per¬sonaje puede alternar también con la segunda del singular, como suce¬de en El cordón de Ricardo Picasso, para dar idea del desdoblamiento psicológico, la personalidad escindida que se recompone en una. Este constituye un tratamiento de los temas del ”yo”, o de la locura, según la teoría del cuento fantástico de Todorov, al producirse, como indica el citado teórico, una vacilación entre realidades de la que el autor participa al lector.

En cuanto a Ana de Benedictis, en Pasos, se contrasta la variación entre la tercera persona del singular inicial y la tercera persona del plu¬ral final, correspondiente a la visión focalizada desde la interioridad del personaje y la perspectiva exterior, lo que da lugar a un contraste irrisorio.
Asimismo, Cristina Pizarro en Sin Tiempo utiliza la tercera persona del singular, y la alterna con la tercera persona plural al finalizar, anu¬dando detalles que se habían anunciado anteriormente en una visión globalizadora abordada desde el realismo mágico y la consubstanciación con la naturaleza.

La tercera persona del singular se entreteje con la primera del singular, en la narración desde una testigo en Piedad Inicial de Emilce Strucchi, y contribuye a producir el efecto de “extrañamiento”, una deshumanización progresiva e intencional en este despojamiento que denuncia la extrema frialdad del sistema médico, reflejado en esta desintegración de la tercera persona cuya identidad inicial la testigo ya no reconoce.

En Se hizo justicia, David Sorbille varía entre el “me contó” y la tercera persona del singular que se interpone, y a la que sucede intermitentemente la primera persona del protagonista, acrecentando la apretada tensión narrativa.
También se observa otro uso de la tercera persona del singular y plural, cuando se presenta un mayor distanciamiento, ejemplificado en Un pescador japonés de Marta Castagnino, donde la sobria lineariedad denota la callada ternura que entre sí se profesan los personajes. A su vez, este distanciamiento otorga a la narración cariz de leyenda.

En cuanto al uso exclusivo de la primera persona del singular, pue¬de señalarse su uso muy acertado, por ejemplo, en Paréntesis, de Gra¬ciela Bucci, un cuento simbólico y a la vez fantástico, donde se da la vacilación entre realidades que indica Tzvetan Todorov y a la vez el temor que subraya como condición Irène Bessière, ambos con respecto al cuento fantástico. Se advierte una superposición de planos, una fu¬sión de lo tético y lo no tético (como los denomina Sartre), donde una realidad se sustituye por otra y lo aparentemente simbólico se convier¬te en real. En Con la cabeza gacha, perteneciente a la misma autora, la primera persona del singular, con su tono confesional, nos convierte en cómplices de un engaño.

La primera persona del singular es en El presagio de Isabel Krisch la de la protagonista y la de quien reflexiona a la vez, en un lenguaje sumamente natural y cálido, desde lo individual que deviene en cos¬tumbre, en uso social, con la irrupción del humor, como corresponde a su libro llamado Cuentos cotidianos.

Con referencia a Vilma Osella, que incursiona en el género epistolar, hay una interpelación al otro, en segunda persona del singular que se manifiesta en las diversas Cartas de variados registros, que van desde el místico al social, sin olvidar el amatorio. Una excepción a esta perspectiva es la Carta a Juan L. Ortiz, un homenaje donde se observa el uso sucesivo de la primera y segunda persona del singular, y la autora se comunica con el poeta ausente. Además, la poesía de Juanele, en intertextualidad cuidadosamente entretejida con el texto, se convierte en otro personaje, con el que la autora dialoga, como representación del poeta.

Otro homenaje a subrayar, es el realizado por David Sorbille a Susa¬na Fernández Sachaos en La Dama del Sueño, donde la variación entre la primera y tercera persona acentúa la cercanía entre el autor y la dama luminosa de la poesía.
Asimismo, debe destacarse El plan, cuento de homenaje a Julio Cortázar de Emilce Strucchi, en donde los planos paralelos de acción se fusionan y entretejen en el marco de una atmósfera onírica y realista a la vez, con técnica impecable, para llegar a un final compartido, tal como en los cuentos del citado escritor.
Indiferencia, impunidad, injusticia reflejados en “Carta desde otro país” de Marta Castagnino, el personaje, desea volver a la tierra tan amada y como dice el texto: “ser parte del fuego de un ave casi desconocida, mítica,que vive tan sólo en el alma de los hombres que todavía sienten.” *
El recurso de la obra inserta dentro de otra obra, se manifiesta en El diario de Marie H. de Alejandro Drewes, donde se sella el pacto de credibilidad el narrador y el lector en la tercera persona singular del editor, que inyecta verosimilitud al diario con la supuesta omisión de 7 8 9 fechas y nombres, inscribiéndose en la tradición literaria (como ejem¬plo, ese “de cuyo nombre no quiero acordarme” de Cervantes, cuentos de Oscar Wilde, etc.). En el diario, la primera persona del singular alterna con la intertextualidad, que acentúa el clima de dolor y magia devastada, como la cita correspondiente a The Wasteland de T.S.Eliot, y refuerza el padecer de este personaje inmerso en una realidad sombría, tanto externa como interna.

El homenaje a la vejez halla una expresión delicadísima en El Último Sol, de Gladys Abilar, y en Filomena, de Cristina Pizarro, con la por¬menorizada secuencia descendente que acaba con ese “ya todo había envejecido”.
En cuanto a los relatos fantásticos, se destacan: El viaje a Pursen de Ricardo Picasso. Cuento profundamente misterioso, de realidades paralelas , entre las que el autor vacila y el lector intenta develar; Sin Tiempo, de Cristina Pizarro, donde se quiebra la unidad tiempo-espacio, además de los detalles cortazianos y desconcertantes en El duelo, de Cristina Pizarro como “la herida que la espada le había provocado”, comparable con el “olor” de la guerra en La noche boca arriba; por último, no debemos olvidar El rincón de la angustia, de Ana de Benedictis, donde irrumpe magistral el realismo mágico como sólo se da en Latinoamérica, con un estilo originalísimo.
Se advierte además, una oposición a la par que un paralelismo entre dos cuentos, tan disímiles como la vida y la muerte: El último concierto de Alejandro Drewes, de tono trágico, y La Obra de Teatro de Isabel Krisch, una comedia. Las coincidencias radican en que ambos relatos transcurren en pueblos pequeños de Europa y en sus teatros, donde se centraliza la vida local. También en ambos casos El Concierto del Nuevo Mundo de Dvorak y la obra Hamlet, de Shakespeare constituyen una ironía del destino, en el primer caso, dolorosa y en el segundo, desopilante.

En cuanto a la referencia a un momento histórico señalaremos el cuento Jesús y Perro, de Marta Castagnino, In memorian de los chicos de la guerra, la autora se adentra en la oscuridad, el frío, el hambre y el miedo, entre ruido de metrallas y todo el dolor vivido por nuestros jóvenes*, La historia secreta, de David Sorbille, que manifiesta intertex¬tualidad con el cuento Nota al pie de Rodolfo Walsh y donde se narran hechos de represión de una época tristemente célebre en la Argentina; también Cartas de Peter y Lotte: trozos de un espejo roto, de A. Drewes, donde la angustia existencial correspondiente al momento histórico se acentúa con las referencias a poetas checos luego de la represión posterior a la Primavera de Praga y también a la voz de Juliette Greco, musa del existencialismo francés.

En síntesis, los narradores incluidos en esta antología manifiestan una identidad acentuada, no sólo por sus diversos estilos y maestros, sino por su evidente compromiso con el oficio de escribir como posición vital, hecho que comparten con Graciela Licciardi, que ha volcado su amor a la palabra en poesía, narrativa, teatro y ahora, en esta profesión de Editora en la que ha reunido a tan excelentes escritores.

Irene Marks
* Aporte de Graciela Licciardi