Prólogo: Cuentos de “Recienvenidos” Primera Antología del Grupo Macedonio Fernández.


por Roxana Palacios

Grupo Macedonio Fernández

PRÓLOGO AL RECIENVENIDO

“Autores como somos de muchas autobiografías exactísimas, hemos experimentado
que aparece de tanto en tanto en las narrativas algún momento literario
en que el escritor debe dejar a su protagonista: ese momento sonó ahora”
Macedonio Fernández (Papeles de Recienvenido)
“Todo texto es una máquina perezosa que le pide al lector que haga
parte de su trabajo. Pobre del texto si dijera todo lo que su destinatario
debe entender: no terminaría jamás”
Umberto Eco (Lector in fabula)

Hace algo más de doce años, entraba yo en la sala de reuniones
de la CODIC, comisión de docencia, investigación y cultura del
Círculo Médico de Lomas de Zamora, con mi proyecto macedoniano
encarpetado. Allí nació el Taller Macedonio Fernández de
Lectura y Escritura Creativa que se extendió a Temperley, Pilar,
Recoleta, Olivos, Balcarce, Mar del Plata y Viedma. Por supuesto
que en este momento voy a mencionar a Roberto Ferro, que fue
quien me acercó los primeros textos de Macedonio, y por supuesto
que voy a mencionar la amistad, esta pasión que va de abrazo
en abrazo, de mano en mano, de boca en boca, de lectura en
lectura, donde el lenguaje se expande, altera, fragmenta, oculta,
distorsiona. Es indudable que leer Macedonio genera dificultad
y eso es suficientemente perturbador, pero también es cierto que
hay algo en el orden de un deseo que late y propone insoslayablemente
la relectura y a partir de ella, la escritura. Entre otras cosas,
Macedonio insiste en que los lectores no asistan “a un vivir”, sino a
un “leer”; que sepan que leen literatura. Luego, para Macedonio:
o se es personaje o se es persona. Y ya se sabe que las verdades de
la literatura son bastante menos discutibles que las fácticas: todos
podemos discutir sobre si las responsabilidades de una devaluación
las tiene uno u otro gobierno, pero, como diría Eco, a nadie
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CUENTOS DE “RECIENVENIDOS”
se le ocurriría poner en duda que los enanitos de Blancanieves
fueran siete. Esta es la línea que rige el libro que vas a leer, lector:
independientemente de las posibilidades de construir lo personal
en la vida de cada autor, los personajes son para nosotros construcciones
funcionales a los textos en tanto se valora -cuida, respeta-
el proceso de esa construcción, tejida necesariamente con
lecturas anteriores. Entonces, por un lado estoy hablando de las
diferencias entre las leyes del mercado editorial y el interés por
lo literario, y por el otro –a pedido de Borges– estoy hablando de
una mirada clásica sobre los textos. Porque lo clásico es colectivo.
De modo que ya tenemos los cimientos de este trabajo: se escribe
como se lee, por lo que no hay originalidad posible, amén de que
cada autor sea único en su especie y cada nombre tenga la raigambre
de su experiencia en el mundo.
Carlos Decuzzi, Celia Larraniaga, Omar Marucco, Norberto Mele,
Eugenia Muñoz y Gabriela Rizzotti: seis autores, cada uno en su
poética, objetivo, dinámica, construcción. Cada uno en su ética y
su estética, formando parte de un todo que, como es de esperar,
supera la mera sumatoria. Seis autores Recienvenidos a la literatura,
asumiendo los riesgos de aquella recienvenidez macedoniana,
que podría no serles perdonada. Seis autores macedonianos
tomando su propio riesgo, jugando sus propias fichas con honestidad
y convicción, unidos en esta suerte de amistad literaria que
trasciende las coordenadas espaciotemporales, las recupera y las
transforma para la experimentación, producción y construcción
de sentido.